martes, 3 de abril de 2012

LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN


CAPITULO
4

Los
cuatru pilares de la educación


Este material es proporcionado al alumno con fines educactivos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor.


Este ejemplar no tiene costo alguno. El uso indebido de este ejemplar es responsabilidad del alumno.


Delors J., (Comp) (1996). Los cuatro pilares de la educación. En La educación encierra un tesoro (pp. 89-103). México: UNESCO.


E l siglo

XXI, que ofrecerá recursos sin precedentes tanto a la circulación y


al almacenamiento de informaciones como a la comunicación, planteará a

la educación una doble exigencia que, a primera vista, puede parecer casi

contradictoria: la educación deberá transmitir, masiva y eficazmente, un

volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos,

adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencias

del futuro. Simultáneamente, deberá hallar y definir orientaciones

que permitan no dejarse sumergir por las corrientes de informaciones más

o menos efimeras que invaden los espacios públicos

y privados y conservar


el rumbo en proyectos de desarrollo individuales y colectivos. En cierto sentido,

la educación se ve obligada a proporcionar las cartas náuticas de un

mundo complejo y en perpetua agitación

y, al mismo tiempo, la brújula


para poder navegar por él.

Con esas perspectivas se ha vuelto imposible, y hasta inadecuado,

responder de manera puramente cuantitativa a la insaciable demanda de

educación, que entraña un bagaje escolar cada vez más voluminoso. Es

que ya no basta con que cada individuo acumule al comienzo de su vida

una reserva de conocimientos a la que podrá recurrir después sin límites.

Sobre todo, debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante

toda la vida cada oportunidad que se le presente de actualizar,

profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en

permanente cambio.

Para cumplir el conjunto de las misiones que le son propias, la educación

debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales que

en el transcurso de la vida serán para cada persona, en cierto sentido, los

pilares del conocimiento: aprender

a conocer, es decir, adquirir los instrumentos


de la comprensión; aprender

a hacer, para poder influir sobre el propio


entorno; aprender a vivirjuntos, para participar y cooperar con los demás

en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso

fundamental que recoge elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas

cuatro vías del saber convergen en una sola, ya que hay entre ellas múltiples

puntos de contacto, coincidencia e intercambio.


Este material es proporcionado al alumno con fines educactivos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor.


Este ejemplar no tiene costo alguno. El uso indebido de este ejemplar es responsabilidad del alumno.


Delors J., (Comp) (1996). Los cuatro pilares de la educación. En La educación encierra un tesoro (pp. 89-103). México: UNESCO.


Mas, en general, la enseñanza escolar se orienta esencialmente, por no

decir que de manera exclusiva, hacia el aprender a conocer y, en menor medida,

el aprender a hacer. Las otras dos formas de aprendizaje dependen las

más de las veces de circunstancias aleatorias, cuando no se les considera

una mera prolongación, de alguna manera natural, de las dos primeras. Pues

bien, la Comisión estima que, en cualquier sistema de enseñanza estructurado,

cada uno de esos cuatro "pilares del conocimiento" debe recibir una

atención equivalente a fin de que la educación sea para el ser humano, en

su calidad de persona y de miembro de la sociedad, una experiencia global y

que dure toda la vida en los planos cognoscitivo y práctico.

Desde el comienzo de su actuación, los miembros de la Comisión fueron

conscientes de que, para hacer frente a los retos del siglo

XXI, sería indispensable


asignar nuevos objetivos a la educación y, por consiguiente, modificar

la idea que nos hacemos de su utilidad. Una nueva concepción más

amplia de la educación debería llevar a cada persona a descubrir, despertar

e incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así el tesoro escondido

en cada uno de nosotros, lo cual supone trascender una visión puramente

instrumental de la educación, percibida como la vía obligada para

obtener determinados resultados (experiencia práctica, adquisición de capacidades

diversas, fines de carácter económico), para considerar su función

en toda su plenitud, a sabes la realización de la persona que, toda ella,

aprende a ser.


Aprender a conocer


Este tipo de aprendizaje, que tiende menos a la adquisición de conocimientos

clasificados y codificados que al dominio de los instrumentos mismos

del saber, puede considerarse a la vez medio y finalidad de la vida humana.

En cuanto medio, consiste para cada persona en aprender a comprender el

mundo que la rodea, al menos suficientemente para vivir con dignidad,

desarmllar sus capacidades profesionales y comunicarse con los demás. Como

fin, su justificación es el placer de comprender, de conocer, de descubrir.

Aunque el estudio sin aplicación inmediata esté cediendo terreno frente al

predominio actual de los conocimientos útiles, la tendencia a prolongar la

escolaridad e incrementar el tiempo libre debena permitir a un número

cada vez mayor de adultos apreciar las bondades del conocimiento y de la

investigación individual. El incremento del saber, que permite comprender

mejor las múltiples facetas del propio entorno, favorece el despertar de la


Este material es proporcionado al alumno con fines educactivos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor.


Este ejemplar no tiene costo alguno. El uso indebido de este ejemplar es responsabilidad del alumno.


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curiosidad intelectual, estimula el sentido crítico

y permite desci€rar la realidad,


adquiriendo al mismo tiempo una autonomía de juicio. Desde esa

perspectiva, insistimos en ello, es fundamental que cada niño, dondequiera

que esté, pueda acceder de manera adecuada al razonamiento científico

y


convertirse para toda la vida en un "amigo de la ciencia"'. En los niveles de

enseñanza secundaria y superior, la formación inicial debe proporcionar a

todos los alumnos los instrumentos, conceptos y modos de referencia resultantes

del progreso científico y de los paradigmas de la época.

Sin embargo, puesto que el conocimiento es múltiple e infinitamente

evolutivo, resulta cada vez más utópico pretender conocerlo todo; por ello,

más allá de la enseñanza básica, la idea de un saber omnisciente es ilusoria.


Al

mismo tiempo, la especialización -incluso en el caso de los futuros investigadores-


no debe excluir una cultura general. "En nuestros días, una

mente verdaderamente formada necesita una amplia cultura general y tener

la posibilidad de estudiar a fondo un pequeño número de materias. De

un extremo a otro de la enseñanza, debemos favorecer la simultaneidad de

ambas tendenciasn2.P ues la cultura general, apertura a otros lenguajes y

conocimientos, permite ante todo comunicar. Encerrado en su propia ciencia,

el especialista corre el riesgo de desinteresarse de lo que hacen los demás.

En cualesquiera circunstancias, le resultará dificil cooperar .Por otra

parte, argamasa de las sociedades en el tiempo y en el espacio, la formación

cultural entraña una apertura a otros campos del saber, lo que contribuye a

fecundas sinergias entre disciplinas diversas. En el ámbito de la investigación,

en particular, el progreso de los conocimientos se produce a veces en

el punto en que confluyen disciplinas diversas.

Aprender para conocer supone, en primer término, aprender a aprender,

ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento. Desde la infancia,

sobre todo en las sociedades dominadas por la imagen televisiva, el

joven debe aprender a concentrar su atención en las cosas y las personas. La

vertiginosa sucesión de informaciones en los medios de comunicación

y el


frecuente cambio de canal de televisión, atentan contra el proceso de descubrimiento,

que requiere una permanencia y una profundización de la información

captada. Este aprendizaje de la atención puede adoptar formas

diversas y sacar provecho de múltiples ocasiones de la vida (juegos, visitas a

- - - -


empresas, viajes, trabajos prácticos, asignaturas científicas, etcétera).


'

Informe de la tercera reuni6n de la Comisión, París, 12-15 de enero de 1994.


Vbase

Laurent Schwartz, "L'enseignement scientifique", en Institut de France, Réfkions sur


l'enseignement,
París,

Flammarion, 1993.


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h
EDUCACI6N ENCIERRA UN TESORO


El ejercicio de la memoria, por otra parte, es un antídoto necesario contra

la invasión de las informaciones instantáneas que difunden los medios de

comunicación masiva. Sena peligroso imaginar que la memoria ha perdido

su utilidad debido a la formidable capacidad de almacenamiento y difusión de

datos de que disponemos en la actualidad. Desde luego, hay que ser selectivos

en la elección de los datos que aprenderemos "de memoria", pero debe

cultivarse con esmero la facultad intrínsecamente humana de memorización

asociativa, imeductible a un automatismo. Tbdos los especialistas coinciden

en afirmar la necesidad de entrenar la memoria desde la infancia y estiman

inadecuado suprimir de la práctica escolar algunos ejercicios tradicionales

considerados tediosos.

Por último, el ejercicio del pensamiento, en el que el niño es iniciado

primero por sus padres y más tarde por sus maestros, debe entrañar una

articulación entre lo concreto y lo abstracto. Asimismo, convendría combinar

tanto en la enseñanza como en la investigación los dos métodos, el deductivo

y el inductivo, a menudo presentados como opuestos. Según las disciplinas

que se enseñen, uno resultará más pertinente que el otro, pero en la mayona

de los casos la concatenación del pensamiento requiere combinar ambos.

El proceso de adquisición del conocimiento no concluye nunca y puede

nutrirse de todo tipo de experiencias. En ese sentido, se entrelaza de manera

creciente con la experiencia del trabajo, a medida que éste pierde su

aspecto rutinario. Puede considerarse que la enseñanza básica tiene éxito si

aporta el impulso y las bases que permitirán seguir aprendiendo durante

toda la vida, no sólo en el empleo sino también al margen de él.


Aprender a hacer


Aprender a conocer y aprender a hacer son, en

gran medida, indisociables.


Pero lo segundo está más estrechamente vinculado a la cuestión de la formación

profesional: ¿cómo enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos

y, al mismo tiempo, cómo adaptar la enseñanza al futuro mercado

de trabajo, cuya evolución no es totalmente previsible? La Comisión procurará

responder en particular a esta última interrogante.


Al

respecto, corresponde establecer una diferencia entre las economías


industriales, en las que predomina el trabajo asalariado, y las demás, en las

que subsiste todavía de manera generalizada el trabajo independiente o ajeno

al sector estructurado de la economía. En las sociedaees basadas en el

salario que se han desarrollado a lo largo del siglo

XX conforme al modelo


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industrial, la sustitución del trabajo humano por máquinas convierte a aquél

en algo cada vez más inmaterial y acentúa el carácter cognoscitivo de las

tareas, incluso en la industria, así como la importancia de los servicios en la

actividad económica. Por lo demás, el futuro de esas economías está supeditado

a su capacidad de transformar el progreso de los conocimientos en

innovaciones generadoras de nuevos empleos y empresas. Así pues, ya no

puede darse a la expresión "aprender a hacer" el significado simple que tenía

cuando se trataba de preparar a alguien para una tarea material bien definida,

para que participase en la fabricación de algo. Los aprendizajes deben,

así pues, evolucionar y ya no pueden considerarse mera transmisión de

prácticas más o menos rutinarias, aunque éstas conserven un valor formativo

que no debemos desestimar


De
la noción de calificación a la de competencia


El dominio de las dimensiones cognoscitiva e informativa en los sistemas

de producción industrial vuelve algo caduca la noción de calificación

profesional, entre otros en el caso de los operarios y los técnicos, y tiende a

privilegiar la de competencia personal. En efecto, el progreso técnico modifica

de manera ineluctable las calificaciones que requieren los nuevos procesas

de producción.

A las tareas puramente físicas suceden tareas de


producción más intelectuales, más cerebrales -como el mando de máquinas,

su mantenimiento y supervisión- y tareas de diseño, estudio y organización,

a medida que las propias máquinas se vuelven más "inteligentes" y

que el trabajo se "desmaterializan.

Este incremento general de los niveles de calificación exigidos tiene varios

orígenes. Con respecto a los operarios, la yuxtaposición de las tareas

obligadas y del trabajo fragmentado cede ante una organización en "colectivos

de trabajo" o "grupos de proyecto", siguiendo las prácticas de las empresas

japonesas: una especie de taylorismo al revés. Los empleados dejan de

ser intercambiables y las tareas se personalizan. Cada vez con más frecuencia,

los empleadores ya no exigen una calificación determinada, que consideran

demasiado unida todavía a la idea de pericia material, y piden, en

cambio, un conjunto de competencias específicas a cada persona, que combina

la calificación propiamente dicha, adquirida mediante la formación

técnica y profesional, el comportamiento social, la aptitud para trabajar en

equipo, la capacidad de iniciativa y la de asumir riesgos.

Si a estas nuevas exigencias añadimos la de un empeño personal del

trabajador, considerado como agente del cambio, resulta claro que ciertas

cualidades muy subjetivas, innatas o adquiridas -que los empresarios de-


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LA
EDUCACI~N ENCIERRA UN

TESORO


nominan a menudo "saber ser"- se combinan con los conocimientos teóricos

y prácticos para componer las competencias solicitadas; esta situación

ilustra de manera elocuente, como ha destacado la Comisión, el vínculo

que la educación debe mantener entre los diversos aspectos del aprendizaje.

Entre esas cualidades, cobra cada vez mayor importancia la capacidad

de comunicarse y de trabajar con los demás, de afrontar y solucionar conflictos.

El desarrolio de las actividades de servicios tiende a acentuar esta

tendencia.


La udesrnaterialización" del trabajo
y las actividades

de
servicios en el sector asalariado


Las repercusiones de la "desmaterialización" de las economías avanzadas en

el aprendizaje se ponen de manifiesto inmediatamente al observar la evolución

cuantitativa y cualitativa de los servicios, categoría muy diversificada

que se define, sobre todo por exclusión, como aquella que agrupa actividades

que no son ni industriales ni agrícolas y que, a pesar de su diversidad,

tienen en común el hecho de no producir ningún bien material.

Muchos servicios se definen principalmente en función de la relación

interpersonal que generan. Podemos citar ejemplos tanto en el sector comercial

(peritajes de todo tipo, servicios de supervisión o de asesoramiento

tecnológico, servicios financieros, contables o administrativos) que prolifera

nutriéndose de la creciente complejidad de las economías, como en el

sector no comercial más tradicional (servicios sociales, de enseñanza, de

sanidad, etcétera). En ambos casos, es primordial la actividad de información


y

de comunicación; se pone el acento en el acopio y la elaboración


personalizados de informaciones específicas, destinadas a un proyecto preciso.

En ese tipo de servicios, la calidad de la relación entre el prestatario y

el usuario depende también en gran medida del segundo. Resulta entonces

comprensible que la tarea de que se trate ya no pueda prepararse de la

misma manera que si se fuera a trabajar la tierra o a fabricar una chapa

metálica. La relación con la materia y la técnica debe ser complementada

por una aptitud para las relaciones interpersonales. El desarrollo de los servicios

obliga, pues, a cultiva cualidades humanas que las formaciones tradicionales

no siempre inculcan

y que corresponden a la capacidad de


establecer relaciones estables y eficaces entre las personas.

Por Último, es concebible que en las sociedades ultratecnificadas del

futuro la deficiente interacción entre los individuos pueda provocar graves

disfunciones, cuya superación exija nuevas calificaciones, basadas más


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en el conlportamiento que en el bagaje intelectual, lo que quizá ofrezca

posibilidades a las personas con pocos o sin estudios escolares, pues la

intuición, el discernimiento, la capacidad de prever el futuro y de crear un

espíritu de equipo no son cualidades resenadas forzosamente a los más

diplomados. ¿Cómo y dónde enseñar estas cualidades, en cierto sentido

innatas? No es fácil deducir cuáles deben ser los contenidos de una formación

que permita adquirir las capacidades o aptitudes necesarias. El problema

se plantea también a propósito de la formación profesional en los

países en desarrollo.


El
trabajo en la economía no estructurada


En las economías en desarrollo donde la actividad asalariada no predomina,

el trabajo es de naturaleza muy distinta. En muchos países del África subsahariana

y en algunos de América Latina y Asia sólo un pequeño segmento

de la población trabaja en régimen asalariado y la inmensa mayoría participa

en la economía tradicional de subsistencia. Hablando con propiedad, no

existe ninguna función referencia1 laboral; los conocimientos técnicos suelen

ser de tipo tradicional. Además, la función del aprendizaje no se limita al

trabajo, sino que debe satisfacer el objetivo más amplio de una participación

en el desarrollo dentro de los sectores estructurado o no estructurado

de la economía.

A menudo, se trata de adquirir a la vez una calificación


social y una formación profesional.

En otros países en desarrollo hay, además de la agricultura y de un reducido

sector estructurado, un sector económico al mismo tiempo moderno y

no estructurado, a veces bastante dinámico, formado por actividades

artesanales, comerciales y financieras, que indica que existen posibilidades

empresariales perfectamente adaptadas a las condiciones locales.

En ambos casos, de los numerosos estudios realizados en países en desarrollo

se desprende que éstos consideran que su futuro estará estrechamente

vinculado a la adquisición de la cultura científica que les permitirá acceder

a la tecnología moderna, sin descuidar por ello las capacidades concretas de

innovación y creación inherentes al contexto local.

Se plantea entonces una pregunta común a los países, desarrollados y en

desarrollo: ¿cómo aprender a comportarse eficazmente en una situación de

incertidumbre, cómo participar en la creación del futuro?


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Aprender
a vivir juntos,

aprender
a vivir con los demás


Sin duda, este aprendizaje constituye una de las principales empresas de la

educación contemporánea. Demasiado a menudo, la violencia que impera

en el mundo contradice la esperanza que algunos habían depositado en el

progreso de la humanidad. La historia hpmana siempre ha sido conflictiva,

pero hay elementos nuevos que acentúan el riesgo, en particular el extraordinario

potencial de autodestrucción que la humanidad misma ha creado

durante el siglo

XX. A través de los medios de comunicación masiva, la


opinión pública se convierte en observadora impotente, y hasta en rehén,

de quienes generan o mantienen vivos los conflictos. Hasta el momento, la

educación no ha podido hacer mucho para modificar esta situación. ¿Sena

posible concebir una educación que permitiera evitar los conflictos o solucionarlos

de manera pacífica, fomentando el conocimiento de los demás, de

sus culturas y espiritualidad?

La idea de enseñar la no violencia en la escuela es loable, aunque sólo

sea un instrumento entre varios para combatir los prejuicios que llevan al

enfrentamiento. Es una tarea ardua, ya que, como es natural, los seres humanos

tienden a valorar en exceso sus cualidades y las del grupo al que

pertenecen y a alimentar prejuicios desfavorables hacia los demás. La ao

tual atmósfera competitiva imperante en la actividad económica de cada

nación y, sobre todo, a nivel internacional, tiende además a privilegiar el

espíritu de competencia y el éxito individual. De hecho, esa competencia da

lugar a una guerra económica despiadada y provoca tensiones entre los poseedores

y los desposeídos que fracturan las naciones y el mundo y exacer

ban


las rivalidades históricas. Es de lamentar que, a veces, la educación

contribuya a mantener ese clima al interpretar de manera errónea la idea

de emulación.

¿Cómo mejorar esta situación? La experiencia demuestra que, para disminuir

ese riesgo, no basta con organizar el contacto y la comunicación

entre miembros de grupos diferentes (por ejemplo, en escuelas a las que

concurran niños de varias etnias o religiones). Por el contrario, si esos grupos

compiten unos con otros o no están en una situación equitativa en el

espacio común, ese tipo de contacto puede agravar las tensiones latentes

y


degenerar en conflictos. En cambio, si la relación se establece en un contexto

de igualdad y se formulan objetivos y proyectos comunes, los prejuicios

y


la hostilidad subyacente pueden dar lugar a una cooperación más serena e,

incluso, a la amistad.


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Parecería entonces adecuado dar a la educación dos orientaciones complementarias.

En el primer nivel, el descubrimiento gradual del otro. En el

segundo, y durante toda la vida, la participación en proyectos comunes, un

método quizá eficaz para evitar

o resolver los conflictos latentes.


E2
descubrimiento del otro


La educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie

humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia

entre todos los seres humanos. Desde la primera infancia, la

escuela debe, pues, aprovechar todas las oportunidades que se presenten

para esa doble enseñanza. Algunas disciplinas se prestan particularmente a

hacerlo, como la geografía humana desde la enseñanza primaria

y, más tarde,


los idiomas y literaturas extranjeros.

El descubrimiento del otro pasa forzosamente por el conocimiento de

uno mismo; por consiguiente, para desarrollar en el niño y el adolescente

una visión ca.bal del mundo, la educación, tanto si la imparte la familia como

si la imparte la comunidad o la escuela, primero debe hacerle descubrir

quién es. Sólo entonces podrá realmente ponerse en el lugar de los demás y

comprender sus reacciones. El fomento de esta actitud de empatia en la

escuela será fecundo para los comportamientos sociales a lo largo de la vida.

Así, por ejemplo, si se enseña a los jóvenes a adoptar el punto de vista de

otros grupos étnicos o religiosos, se pueden evitar incomprensiones

generadoras de odio y violencia en los adultos. Así pues, la enseñanza de la

historia de las religiones o de los usos

y costumbres puede servir de útil


referencia para futuros comportamientos3.

Por último, la forma misma de la enseñanza no debe oponerse a ese

reconocimiento del otro. Los profesores que, a fuerza de dogmatismo, destruyen

la curiosidad o el espíritu crítico en lugar de despertarlos en sus

alumnos, pueden ser más perjudiciales que benéficos.

Al olvidar que son


modelos para los jbvenes, su actitud puede atentar de manera permanente

contra la capacidad de sus alumnos de aceptar la altendad y hacer frente a

las inevitables tensiones entre seres humanos, grupos y naciones. El enfrentamiento,

mediante el diálogo y el intercambio de argumentos, será uno

de los instrumentos necesarios de la educación del siglo

XXI.


'

Camegie Corporation of New York, Education for Conflict Reso1ution. macto del Annual RepoR


1994,
por David A.

Hamburg, Presidente de la Camegie Corporation de Nueva York.


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Bn&r
hacia objetivos comunes


Cuando se trabaja mancomunadamente en proyectos motivadores que permiten

escapar a la

rutina, disminuyen y a veces hasta desaparecen las diferencias


-e incluso los conflictos-entre los individuos.

ESOS proyectos que


permiten superar los hábitos individuales y valoran los puntos de convergencia

por encima de los aspectos que separan, dan origen a un nuevo modo

de identificación. Por ejemplo, gracias a la práctica del deporte, jcuántas

tensiones entre clases sociales o nacionalidades han acabado por transformarse

en solidaridad, a través de la pugna y la felicidad del esfuerzo común!

Asimismo, en el trabajo, jcuántas realizaciones podrían no haberse concretado

si los conflictos habituales de las organizaciones jerarquizadas no hubieran

sido superados por un proyecto de todos!

En consecuencia, en sus programas la educación escolar debe reservar

tiempo y ocasiones suficientes para iniciar desde muy temprano a los jóvenes

en proyectcis cooperativos, en el marco de actividades deportivas y culturales

y mediante su participación en actividades sociales: renovación de

barrios, ayuda a los más desfavorecidos, acción humanitaria, s e ~ c i odse solidaridad

entre las generaciones, etcétera. Las demás organizaciones educativas

y las asociaciones deben tomar el relevo de la escuela en estas

actividades. Además, en la práctica escolar cotidiana, la participación de los

profesores y alumnos en proyectos comunes puede engendrar el aprendizaje

de un método de solución de codictos y ser una referencia para la vida

futura de los jóvenes, enriqueciendo al mismo tiempo la relación entre educadores

y educandos.


Aprender
a ser


Desde su primera reunión, la Comisión ha reafirmado enérgicamente un

principio fundamental: la educación debe contribuir al desarrollo global de

cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético,

responsabilidad individual, espiritualidad. lbdos los seres humanos deben

estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida en su

juventud, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar

un juicio propio, para determinar por sí mismos qué deben hacer en las

diferentes circunstancias de la vida.

El informe Aprender

a ser (1972) manifestaba en su preámbulo el temor


a una deshumanización del mundo vinculada a la evolución tecnoló-


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gica4. La evolución general de las sociedades desde entonces y, entre otras

cosas, el formidable poder adquirido por los medios de comunicación masiva,

ha agudizado ese temor y dado más legitimidad a la advertencia que

suscitó. Posiblemente, el siglo

XXI amplificará estos fenómenos, pero el


problema ya no será tanto preparar a los niños para vivir en una sociedad

determinada sino, más bien, dotar a cada cual de fuerzas y puntos de referencia

intelectuales permanentes que le permitan comprender el mundo

que le rodea y comportarse como un elemento responsable

y justo. Más


que nunca, la función esencial de la educación es conferir a todos los seres

humanos la libertad de pensamiento, de juicio, de sentimientos

y de imaginación


que necesitan para que sus talentos alcancen la plenitud y seguir

siendo artífices, en la medida de lo posible, de su destino.

Este imperativo no es sólo de naturaleza individualista. la experiencia

reciente demuestra que lo que pudiera parecer únicamente un modo de

defensa del ser humano frente a un sistema alienante o percibido como

hostil es también, a veces, la mejor oportunidad de progreso para las

saciedades.


La diversidad de personalidades, la autonomía y el espíritu de iniciativa,

incluso el gusto por la provocación son garantes de la creatividad y la

innovación. Para disminuir la violencia o luchar contra los distintos flagelos

que afectan a la sociedad, métodos inéditos, derivados de experiencias sobre

el terreno, han dado pruebas de su eficacia.

En un mundo en permanente cambio, uno de cuyos motores principales

parece ser la innovación tanto social como económica, hay que conceder un

lugar especial a la imaginación y a la creatividad; manifestaciones por excelencia

de la libertad humana, pueden verse amenazadas por cierta normalización

de la conducta individual. El siglo

XXI necesitará muy diversos


talentos y personalidades, además de individuos excepcionales, también esenciales

en toda civilización. Por ello, habrá que ofrecer a niños y jóvenes

todas las oportunidades posibles de descubrimiento y experimentación

-estética, artística, deportiva, científica, cultural

y social- que completarán


la presentación atractiva de lo que en esos ámbitos hayan creado las

generaciones anteriores o sus contemporáneos. En la escuela, el arte y la

poesía debenan recuperar un lugar más importante que el que les concede,


'

i.. el riesgo de alienación de su personalidad, implícito en las fonnas obsesivas de la pmpaganda y


de la publicidad. en el conformismo de los comportamientos que pueden ser impuestos desde el exterior,

en detrimento de las necesidades authnticas
y de la identidad intelecmal y afectiva de

iada cual.


"riesgo de expulsión, por las máquinas, del mundo laboral, donde tenia al menos la impresión de

moverse libremente
y determinarse a su arbiPio."Apna~ s er, Informe de la Comisión Internacional

para el Desano110 de la Educación,

UNESCO-Alianza Editorial, Madrid, 1987, pag. 31.


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en muchos países, una enseñanza interesada en lo utilitario más que en lo

cultural. El afán de fomentarla imaginación y la creatividad debería también

llevar a revalorar la cultura oral y los conocimientos extraídos de la experiencia

del niño o del adulto.


Así

pues, la Comisión hace plenamente suyo el postulado del informe


Aprender a ser:

"... El desarmllo tiene por objeto el despliegue completo del


hombre en toda su riqueza y en la complejidad de sus expresiones y de sus

compromisos; individuo, miembro de una familia y de una colectividad,

ciudadano y productor, inventor de técnicas y creador de sueñosn5E. ste desarrollo

del ser humano, que va del nacimiento al

fin de la vida, es un proceso


dialéctico que comienza por el conocimiento de sí mismo y se abre después

a las relaciones con los demás. En este sentido, la educación es ante todo un

viaje interior, cuyas etapas corresponden a las de la maduración constante

de la personalidad. En el caso de una experiencia profesional positiva, la

educación, como medio para alcanzar esa realización, es, pues, a la vez un

proceso extremadamente individualizado y una estructuración social

interactiva.

Huelga decir que los cuatro pilares de la educación que acabamos de

descriiir no pueden limitarse a una etapa de la vida o a un solo lugar. Como

veremos en el capítulo siguiente, es necesario replantear los tiempos y los

ámbitos de la educación, y que se complementen e imbriquen entre sí, a fin

de que cada persona, durante toda su vida, pueda aprovechar al máximo un

contexto educativo en constante enriquecimiento.


Pistas
g vecomendaciones


La

educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a


conocq aprender a hacer aprender a vivir juntos, aprender a ser.


Apr&

a cunocer, combinando una cultura general suficientemente amplia


con la posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número

de materias.

Lo que supone además: aprender a aprender para poder aprovechar


las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de la

vida.


Op.
cit.
p6g. 16.


Este material es proporcionado al alumno con fines educactivos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor.


Este ejemplar no tiene costo alguno. El uso indebido de este ejemplar es responsabilidad del alumno.


Delors J., (Comp) (1996). Los cuatro pilares de la educación. En La educación encierra un tesoro (pp. 89-103). México: UNESCO.


A p r d a hacer

a fin de adquirir no sólo una calificación profesional sino,


más generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer

frente a

gran número de situaciones y a trabajar en equipo. Pero, también,


aprender a hacer en el marco de las distintas experiencias sociales o de trabajo

que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes, bien espontáneamente a causa

del contexto social o nacional, bien formalmente gracias al desarrollo de la

enseñanza por alternancia.


Aprender a vivir
juntos

desamollando la comprensión del otro y la percepción


de las formas de interdependencia -realizar proyectos comunes y prepararse

para tratar los conflictos- respetando los valores de pluralismo,

comprensión mutua y paz.


Aprender
a ser

para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en


condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio

y de


responsabilidad personal. Con tal fin, no menospreciar en la educación ninguna

de las posibilidades de cada individuo: memoria, razonamiento, sentido

estético, capacidades fisicas, aptitudes para comunicar

...


Mientras los sistemas educativos formales propenden a dar prioridad a la

adquisición de conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje,

importa concebir la educación como un todo. En esa concepción deben

buscar inspiración y orientación las reformas educativas, en la elaboración

de los programas y en la definición de nuevas políticas pedagógicas.


Este material es proporcionado al alumno con fines educactivos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor.


Este ejemplar no tiene costo alguno. El uso indebido de este ejemplar es responsabilidad del alumno.

Delors J., (Comp) (1996). Los cuatro pilares de la educación. En La educación encierra un tesoro (pp. 89-103). México: UNESCO.

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